Samstag, 24. September 2016

Franz Kafka, Berlín y la niña de la muñeca


Una metáfora literaria sobre ciertos aspectos del psicoanálisis
Sobre un extracto de Brooklyn Follies, novela de Paul Auster, Ed. Anagrama, Barcelona, 2006

Berlín, Sept de 2016, por Claudio Steinmeyer

A P.A. con respetuoso afecto.


Quizás fue en este parque del barrio de Steglitz, Berlín donde sucedió la historia.





Se trata de una historia que el protagonista de la novela, Nathan Glass, comparte con su amigo Tom. Y yo ahora la comparto con los lectores que no hallan tenido la oportunidad aún de leer la novela..
Paul Auster tiene cierta relación de proximidad con el psicoanálisis, por la época,  a través de su esposa psicoanalista, además él mismo leyó alguna que otra cosa de Lacan.
Se trata entonces de una entrañable escena que sucede por cierto en Berlín lo que en mi caso particular le agrega un especial condimento.

Es una anécdota contada en primera instancia por la prometida de Kafka, Dora Diamant, y que Paul Auster reproduce en el diálogo entre Nathan y su amigo Tom. La narración presenta entonces  un doble filtro subjetivo que tanto conviene al psicoanálisis como lo enseñó Lacan en el Seminario sobre La Carta Robada y que actualmente se reproduce en la estructura del pase.

Presta su interés a nosotros porque refleja  algunas cuestiones que ilustran muy bien lo que podemos encontrar en un caso clínico y no sólo en el psicoanálisis con niños:
La pérdida del objeto que puede precipitar un duelo, un trauma, un síntoma. El encuentro con el psicoanalista. Los efectos del discurso de la histeria que ponen a trabajar a su destinatario. El deseo del analista en la decisión que instaura el acto a la entrada –reflejado en la inmediatez con la que Kafka decide tomar cartas en el asunto; la puesta en juego del amor de transferencia junto a la regularidad de los encuentros que proponen un tope a la regularidad de la repetición del goce; la interpretación que en este caso tiene cierto valor de construcción y su relación con la verdad lógica.  Al respecto me parece oportuno citar a Freud en este punto: “Con mucha frecuencia no logramos que el paciente recuerde lo que ha sido reprimido. En lugar de ello, si el análisis es llevado a cabo correctamente, producimos en él una firme convicción de la verdad de la construcción que logra el mismo resultado terapéutico que un recuerdo vuelto a evocar.” (Construcciones an análisis, 19

Y en efecto la niña logra cierto alivio al reintegrar la subjetividad en una historia que le devuelve en forma invertida el deseo oculto en su propio lapsus de perder a la muñeca.

Pues bien,  he aquí el extracto del texto. Que lo disfruten !



-Vale. Cuéntame ya esa historia.
- De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca...Estamos en el último año de vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant., una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín.  Tiene la mitad de los años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación en la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.
            >>Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?
            >>Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente, falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.
            >>Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

            < Tres semanas.
Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca  desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el cambo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
            >>Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas le han aliviado de su desgracia. La niña tiene tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.






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Sonntag, 24. Juli 2016

XI th Congress of the WAP Barcelona, April 2nd - 6th, 2018

Berlin, July 24th. 2016



  

The Ordinary Psychoses And The Others

Under Transference


"The XIth Congress of the WAP summons us to bring the investigation of the field of the psychoses up to date. Its title, ‘The Ordinary Psychoses And The Others’, indicates that even though it is the former that are highlighted, it is the entire field of the psychoses that is in question. If Lacan’s late teaching does not annul what went before, after the Rio Congress, now is the time to return to the structural clinic in order to locate there the clinical references that can orient us.

Although the title has maximum scope, this is in order to maintain the Lacanian orientation in its rigour. The clinic that concerns us is not without ethics, it only arises under transference. Hence neither mental health, nor psychiatry, nor nosological debates, will distract us from this central point.


It is perhaps a subtle, barely ironic, manner of proposing under transference the entire teaching of Lacan, the latest and the other."


Barcelona, 14 th July, 2016 Anna Aromí, Xavier Esqué: Directors of the XIth Congress / Miquel Bassols: President of the WAP






Dienstag, 24. Mai 2016

Lacan - Live in USA

por Claudio Steinmeyer - Berlín, mayo 2016   








Con este afiche difundimos una perlita que tuvo a bien conservar la Maison Française de la Universidad de Columbia-EE.UU. Refiere a una de las cuatro conferencias que pronunció Lacan en su segundo viaje a los EE.UU. en 1975 cuando el presidente era Gerald Ford (R), y cuando la Universidad de Columbia, integrante de la exclusiva liga universitaria IVY,  gozaba aún de cierto prestigio académico antes que político. Además Lacan brindó dos conferencias  en Yale en el marco del seminario de Mark Kanzer (seminario que perdura hoy día con el nombre de  programa Gardiner). La cuarta fue ni más ni menos que en el Massachusetts Institut of Technology.
Estas ponencias de EE.UU. salieron publicadas en la revista Scilicet Nr. 6/7.
Es de destacar que más allá de la clínica, la influencia de Lacan en los EE.UU. se refleja especialmente en el hecho que  la mayoría de los estudios universitarios sobre Teoría de la Literatura basan parte de sus programas en los desarrollos de Lacan sobre el significante, metáfora, metonimia, Joyce, etc.

Lacan ya había estado en los EE.UU. en 1966 invitado por la John Hopkins University ocasión en la que escribió una interesante, quizás poética, reflexión sobre el inconsciente mirando por la ventana de su hotel en la madrugada de  Baltimore y que compartimos ahora con el texto publicado en  lacan.com

When I prepared this little talk for you, it was early in the morning. I could see Baltimore through the window and it was a very interesting moment because it was not quite daylight and a neon sign indicated to me every minute the change of time, and naturally there was heavy traffic and I remarked to myself that exactly all that I could see, except for some trees in the distance, was the result of thoughts actively thinking thoughts, where the function played by the subjects was not completely obvious. In any case the so-called Dasein as a definition of the subject, was there in this rather intermittent or fading spectator. The best image to sum up the unconscious is Baltimore in the early morning.











Freitag, 8. April 2016

LITERATURA NORTEAMERICANA y PSICOANÁLISIS: CROSSROADS II



-Por quién doblan las campanas o Por quien dobla la campana-



Por Claudio Steinmeyer, PdpD, Berlin, 8 abril 2016 



  Foto: Portada Arrow Publishers, London 1994


 
 




Continuando por algunos de los sesgos con los que abordamos el ciclo “Literatura Norteamericana del s. XX y Psicoanálisis: crossroads” nos ocuparemos hoy una vez más de Ernest Hemingway. Esta vez con el título de una de sus novelas más famosas y atendiendo a un  par de particularidades que se revelan especialmente en su traducción al castellano. Particularidades sobre las que intentaremos decir algo desde cierta perspectiva psicoanalítica.
Así que será este un breve texto de índole más literaria que clínica, es decir, ambas cosas.

El título original de la novela de E.H. es “For whom the bell tolls”. Obra escrita en 1940 y que retrata tres días de la vida del norteamericano Robert Jordan  participando en las brigadas republicanas durante la Guerra Civil española.

For whom the bell tolls. Por quién doblan las campanas;  tal el título en castellano.

Parece una obviedad. Como suele suceder con las cosas complejas.
En primer lugar podemos advertir que, en efecto, el título original en inglés utiliza el singular: bell / campana, tolls / dobla. Hemingway no escribió como título: For whom the bells toll. No son campanas que doblan, es el doblar de una campana.

Es un detalle que puede pasar inadvertido como la mancha en anamorfosis que aparece en la parte inferior del cuadro Los Embajadores de Holbein en el que aprendimos con Lacan que sólo a determinada distancia y desde cierto ángulo podemos reconocer la presencia de la nadificación del sujeto, la encarnación del -phi, la castración. (1)

Según lo que pude averiguar, esta pluralización en el  título aparece ya desde la primera versión en castellano llevada a cabo por el traductor argentino Eduardo Johnson Segui para la editorial S.A.D.E en 1942 pero que al poco tiempo dejó de imprimirse. Luego saldría publicada una edición más perdurable, la de Olga Sanz, para la editorial argentina Claridad en 1948 y más tarde la de Olga de Aguado para Editorial Planeta en 1968. Estas dos últimas traducciones son básicamente las que se siguen utilizando para nuevas ediciones en las que a lo sumo  se las moldea un poco para adaptarse a los usos y costumbres de los países de habla hispana. (2)


En mi opinión está claro que el pasaje del singular al plural es un excesivo forzamiento respecto del original.
¿Es por una especie de “inflación trágica”? ¿Es por una cuestión estética? ¿Es por efecto de la represión? Pensé si acaso la idiosincrasia española, el uso cotidiano de la lengua o tal vez  la licencia poética, justificarían decir en castellano “Las campanas doblan” antes que “La campana dobla”. Teniendo en cuenta la geografía en la que se desarrolla la acción de la novela, y que por cierto EH vio con sus propios ojos mientras la cubría como corresponsal durante la Guerra Civil,  podemos afirmar que hay muchas capillas que cuentan con una única campana.
Y desde el punto de vista del uso literario,  viene a auxiliarnos un poema de Federico García Lorca (3). Y apostaría a que  Hemingway conocía la obra del poeta granadino.


Campana

Bordón

En la torre
amarilla,
dobla una campana.

Sobre el viento
amarillo,
se abren las campanadas.

En la torre
amarilla,
cesa la campana.

El viento con el polvo,
hace proras de plata.


Pero veamos qué podemos encontrar al respecto en el propio Hemingway. Y de hecho nos facilita las cosas pues nos indica el lugar preciso que dio origen al título y que  proviene de un extracto de la obra de  John Donne (Londres, 1572-1631).
Así aparece la referencia en el mismísimo exordio del libro que incluye una dedicatoria y una cita (4):
  
This book is for
MARTHA GELLHORN
No man is an Iland, intire of it selfe; every man is a peece of the Continent, a part of the maine; if a Clod bee washed away by the Sea, Europe is the lesse, as well as if a Promontorie were, as well as if a Mannor of thy friends or of thine owne were; any mans death diminishes me, because I am involved in Mankinde; And therefore never send to know for whom the bell tolls; It tolls for thee. 
—JOHN DONNE                               (Las negritas son mías, las cursivas del texto original de Hemingway)


La dedicatoria es para Martha Gellhorn, quien fue la tercera esposa de EH y también una reconocida corresponsal de guerra.

Las reflexiones religiosas de Donne giran en torno a la idea de un ser comunitario, entrelazado con sus semejantes, y que podríamos resumir así: “si muere uno de mis prójimos  muere una parte mía”. Conocemos lo que el psicoanálisis nos enseña sobre tan nobles aspiraciones del yo y que podemos conocer a través del análisis del sentimiento oceánico en El Malestar en la Cultura (S. Freud, 1929). En  la obra original de Donne, por cierto redactada en inglés antiguo, el párrafo en cuestión se halla precedido por un recuerdo de Donne de cuando estando enfermo en la cama le llegaba el sonido del doblar de la campana del pueblo en ocasión de algún funeral. Lo que inevitablemente llevaba al poeta isabelino a pensar en la eventual inminencia de su propia muerte. (5)

Señalemos brevemente que hasta entrado el s.XX el lenguaje de campanas conformaba un verdadero medio de comunicación, una especie de WhatsApp comunitario. Tañir de una campana o varias, ya sea al doblar o al repicar, anunciando las horas, bodas, funerales, misas, bautismos, eventos importantes. Presencia del símbolo en el plano auditivo, invocante que como tal mantiene una relación específica con lo real p cuyo tratamiento nos reservamos para cuando abordemos a W. Faulkner.
Pero volviendo a la frase que da origen al título del libro de Hemingway :
Never send to know for whom the bell tools, it tolls for thee.
La traducción al castellano de este párrafo de Donne suele encontrase así: nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.  (Lola de Aguado); o también lo encontramos traducido de manera más rústica como: nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti. Sea como sea la reflexión sugiere precisamente que no hagas la pregunta pues la respuesta será siempre la misma: doblan por ti.

Llegamos así a este otro detalle significativo y es que el título de la novela, tanto en inglés como en castellano asemeja una pregunta, ¿pero es así? Observemos que en el original no hay ningún signo de pregunta. La sintaxis tampoco lo indica, no dice: For whom does the bell toll?
Se abre de este modo una cuestión más sutil, a saber: “Quién” o “quien”, ¿con o sin acento? ¿Se trata de un pronombre interrogativo o de un pronombre relativo asumiendo función de sujeto? Si optamos por escribirlo como partícula interrogativa: “quién”, entonces lleva acento y por lo tanto la frase demanda signos de interrogación. Si es un pronombre relativo, “quien”, no lleva acento. Interesante caso gramatical que, calculado o no por EH,  casi parece situarse en una zona de borde.
En lo personal me parece que el segundo caso, como pronombre relativo, hace más justicia tanto a las reflexiones de Donne como al título de Hemingway:

(Es por ti,) por quien dobla la campana.
De ser así encontramos ya razones estructurales (además de las eventuales de marketing editorial) para la pluralización y la operación de integrarla en una especie de interrogación: No es esa campana que suena por ti, son muchas campanas que suenan por alguien. Se diluye notablemente la implicancia subjetiva a la que me parece alude Hemingway y que tiene mucho que ver con el destino sombrío que desde las primeras páginas se anuncia para el protagonista Robert Jordan. (Sin mencionar el del propio Hemingway)
Digamos que se diluyen los efectos de proximidad a la significación a la  que alude el título original.

Es de destacar que la novela cuyo título estamos tratando, y en la que la presencia de la muerte adquiere una singular dimensión a lo largo de sus páginas,  tiene un rasgo literario, estilístico,  determinado: transita permanentemente de una lengua a la otra (inglés -castellano - inglés). A veces jugando con las traducciones literales, p. ej. cuando uno de los personajes españoles pregunta en inglés: How are you called? en una cruda traducción literal desde su lengua materna “Cómo se llama usted?”. Con esta clase de recursos estilísticos Hemingway quiere poner de manifiesto una suerte de malentendido, incluso una alienación (6) que de hecho presagia el desenlace que tendrá para los republicanos la Guerra Civil. Pero además estos saltos entre lenguas (cabe recordar acá los ricos desarrollos a partir del texto de Sándor Ferenczi sobre la confusión de lenguas)  permiten reflejar la subjetividad del protagonista y sus maneras de escamotear la verdad, en particular la de su padre y la manera en que busca por momentos saltearse una generación y hacer de su abuelo el efectivo operador como Nombre del Padre.

Pero también hay una intensa discusión académica en torno a la traducción al castellano de esta novela, en la que los propios traductores han sabido realizar una extensa autocrítica  con el consenso de que For Whom.... sigue en la espera de una traducción más lograda.

Pero si leemos el texto de Doll citado por Hemingway de esta manera: Es por ti, por quien dobla la campana,  la implicancia subjetiva para el lector se puede volver tan inquietante como lo fue para Freud al tratar de recordar el nombre de Signorelli. Quizás la pluralización de las campanas y la forma interrogativa en la traducción al castellano del título se deban simplemente a la represión, la significación reprimida.
De como en el consultorio encontramos pluralizaciones o singularizaciones como estrategias del yo para sortear la censura es cotidiano. “No se preocupe, le aseguró que ya me pasó  varias veces y siempre lo resolví bien.” -lo más probable es que haya pasado una sóla vez. “Hay una sóla cosa que le reprocho a...” y desde ese uso del singular podemos prepararnos para la continuación de un catálogo de quejas.
Apoyándonos en lo que Lacan dice sobre Signorelli podemos ampliar el radio de la Catedral de Orvietto desde sus frescos hasta su campanario y aprovechar la cita: “Es que signor, con el Herr, el Amo absoluto, es aspirado y reprimido por el soplo del apocalípsis que se alza en el  inconsciente de Freud ante los ecos de la conversación que está sosteniendo: perturbación, insiste él a este propósito, de un tema que acaba de emerger por un tema precedente– que efectivamente es el de la muerte asumida”. (4)  Sólo que en nuestro caso aparecen campanas en lugar del signor.

Si imagináramos una interpretación al estilo freudiano en la Interpretación de los Sueños, en la que además encontramos varios ejemplos de plurales en el contenido manifiesto que terminan remitiendo a un singular en el contenido latente, podríamos entretenernos diciendo: No se trata de una austera capilla con el modesto doblar de una sóla campana que señala la muerte de un vecino cualquiera (alguien como yo !??  jamás ! ) sino del redoble glorioso de todas las campanas de una magnífica catedral anunciando quizás la muerte de alguien importante, un obispo tal vez? Un Papa...?  Así que con seguridad no se trata de mí.

La traducción al alemán, que realmente ocupa una posición tercera respecto de nuestro desarrollo con el par inglés-castellano, si bien desvirtúa aún mucho más el sentido literal: Wem die Stunde schlägt,  “A quien le llega la hora” con lo que directamente  la campana desaparece, pero que sin embargo mantiene la forma singular y la sintaxis alude antes a un pronombre relativo, la forma interrogativa sería: Wem schlägt die Stunde?


Espero entonces haber interesado al lector de mi blog con este ejercicio de acercamiento al detalle de la letra, que, como sugirió una colega, es una especie de “Lacanpanada”.






BIBLIOGRAFÍA:

(1) Jacques Lacan, Seminario XI , cap.VII “La anamorfosis”, Ed. Paidós, Bs.As.
(2) Heather Cleary, “Escribir desde el intersticio: la traducción del castellano en Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway”. Mutatis Mutandis, Vol VI , nro 6,  2013, Medellín.
(3)  Forma parte del  Poema del cante jondo, 1931.  Ediciones Cátedra, Madrid.
(4) Ernest Hemingway, For whom the bell tolls, Scribner 1968, NY, USA
(5) John Donne, Devotions, Meditation XVII, Cambridge University Press 1923, via web University of Virginia
(6) Professor Wai Chee Dimock – University of Yale – Op. Courses, „American Studies“,  lesson 16
(7) J. Lacan – Escritos 1 – El psicoanálisis y su enseñanza – pag 429 10ma edic, 1984, siglo XXI editores,




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Mittwoch, 10. Februar 2016

Hemingway / variaciones sobre lo invocante.

Pdpd-Berlín, por Claudio Steinmeyer, Feb. 2016






Estos días me encontré con un texto de Hemingway que me sorprendió por transcurrir en un lugar que nuevamente adquiere actualidad : Turquía y aledaños.
El relato se sitúa en Esmirna (Smyrna), durante la guerra greco-turca (1919-1922), y en particular la evacuación de los ciudadanos griegos durante el avance de las tropas turcas.
Casi 100 años después la misma soledad. El mismo paisaje sombrío, quizás con otros actores, en otros “bordes” de la misma zona. En estos tiempos actuales  miles de personas, huyendo de la guerra en Siria, se agolpan frente a la frontera turca buscando la supervivencia, mientras que en la frontera greco-turca se atrincheran decenas de funcionarios de la Unión Europea buscando estrategias para que dichos desplazados no penetren en suelo europeo.
En fin, dos situaciones separadas por casi un siglo pero que transcurren en esa zona bisagra entre occidente y oriente, esa zona de transición entre religiones, incluso entre escrituras. Pero sin duda los mismos gritos.  Una repetición de lo más agradable, diría Hemingway.

A continuación el breve relato de Hemingway cubriendo los acontecimientos como periodista, corresponsal para el Toronto Star. Con su estilo literario, quizás inaugurando una forma de narrativa en el periodismo. En esta época las nuevas formas de periodismo se encuentran en las redes sociales:  tweets o posts generalmente acompañados de imágenes fotoshopeadas resaltando aún más lo real y generando miles de comentarios indignados. Indignados de toda abyección.
Es que la respuesta subjetiva ante el horror cambió? Hemingway consideraba que tal vez la ironía podía funcionar ante lo invocante de lo real. Tal vez la preeminencia de lo escrito, la imagen visual ha reemplazado la ironía. Las repetidas  imágenes de las torres del 11-S desmoronándose. Pero siempre en silencio. En cine mudo. Eso quizás sea lo extraño hoy, ¿por qué no se escuchan los gritos?





EN EL MUELLE DE ESMIRNA (1922)
Fuente: Antología de Ernest Hemingway. Universidad Nacional Autónoma de México. 2010. Trad. F. Patan.


Lo extraño era, dijo, el modo en que gritaban todas las noches a la medianoche. No sé por qué gritaban a esa hora. Estábamos en el puerto y ellos en el muelle y a la medianoche comenzaban a gritar. Solíamos echarles encima la luz del reflector para calmarlos. Nunca fallaba. Les pasábamos el reflector por encima dos o tres veces y dejaban de hacerlo. En una ocasión fui el oficial de turno en el muelle, y un oficial turco se me acercó bufando de rabia porque uno de nuestros marinos había estado de lo más insultante con él. Por tanto le dije que enviaríamos al tipo al barco y lo castigaríamos muy severamente. Le pedí que me lo señalara. Entonces señaló a un ayudante de artillero, un chico de lo más inofensivo. Dijo que había estado de lo más escandalosa y repetidamente insultante; me hablaba por medio de un intérprete. No podía yo imaginar cómo aquel ayudante de artillero sabía turco suficiente para mostrarse insultante. Lo llamé y dije “esto por si hablaste con alguno de los oficiales turcos”.—Con ninguno de ellos hablé, señor.—Estoy segurísimo —dije—, pero mejor sube al barco y no vuelvas a tierra por el resto del día. Entonces dije al turco que estábamos embarcando al hombre, y manejaríamos el caso del modo más severo.“Oh, del modo más riguroso.” Se sintió lo máximo con eso. Grandes amigos que éramos. Lo peor, dijo, eran las mujeres con bebés muertos. Imposible lograr que aquellas mujeres entregaran sus bebés muertos. Llevaban seis días con los bebés muertos. Simplemente no los entregaban. Nada podía hacerse al respecto. Al final tuvimos que quitárselos.
Entonces ocurrió lo de esa anciana, el caso más extraordinario. Se lo conté a un médico y me dijo que mentía. Los estábamos sacando del muelle, pues teníamos que sacar a los muertos, y esta anciana yacía en una especie de camilla. Dijeron “¿No quiere echarle una miradita, señor?” Así que le eché una miradita y justo en ese momento murió y se quedó absolutamente tiesa. Levantó las piernas y se levantó desde la cintura y después se quedó totalmente rígida. Como si hubiera estado muerta toda la noche. Bien muerta y absolutamente rígida. Se lo conté a uno de los médicos y me dijo que era imposible.
Allí estaban todos en el muelle y en nada era como un terremoto o algo por el estilo porque nunca supieron de los turcos. Nunca supieron lo que esos condenados turcos habrían hecho. ¿Recuerdas cuando nos ordenaron no volver ya para llevarnos más? Sentía el viento en contra cuando entramos aquella mañana.Tenían tantas baterías como imagines y pudieron habernos barrido del agua, íbamos a entrar, navegar muy pegados a lo largo del muelle, soltar las anclas de proa y popa y entonces cañonear el barrio turco de la ciudad. Nos habrían barrido del agua, pero nosotros simplemente habríamos vuelto un infierno la ciudad. Se contentaron con dispararnos unas cuantas salvas cuando entrábamos. Vino Kemal y despidió al comandante turco. Por excederse en sus órdenes o algo parecido. Se sobrepasó un poco. Habría sido un caos endemoniado.
Recuerdas el puerto. Había un montón de objetos lindos flotando en él. Fue la única vez en mi vida que me puse de tal modo que soñaba con esos objetos. Te impresionaban menos las mujeres que daban a luz que aquellas con los bebés muertos. Desde luego que daban a luz. Es sorprendente cuán pocos murieron. Simplemente las cubrías con algo y las dejabas en la tarea. Siempre elegían el lugar más oscuro de la cala para tenerlos. Ninguna se interesaba en nada una vez que salían del muelle. También los griegos eran chicos simpáticos.
Cuando evacuaron tenían todos estos animales de carga que no podían llevarse, así que les rompieron las patas traseras y los arrojaron a las aguas poco profundas. Todas aquellas mulas con las patas traseras rotas lanzadas a las aguas poco profundas. Fue un asunto agradable. Palabra que sí, un asunto de lo más agradable.

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