Dienstag, 2. März 2010

El paciente inglés

Hemos estado intentando reemplazar la palabra „paciente“ por la de „analizante“. Parecería que esta operación tuvo menos éxito que el de “ persona” por “sujeto”, o “fantasía” por “fantasma”. Y para qué hablar del contundente aporte psicoanalítico del Trieb en lugar del Instinkt.

A lo mejor es que efectivamente algo del sujeto es paciente, e insiste.
Sobre todo nos ocurre en el lenguaje coloquial, quizás menos en las comunicaciones científicas, pero incluso al paciente lo hallamos en los seminarios de Jacques Lacan.

¿Se tratará entonces de pensar la cuestión por la via del significado antes que cambiar de significante?


Cuando alguien nos consulta, en realidad ya hay algo del orden de la paciencia que se perdió, algo del fantasma vaciló, ya no funciona como decorado ante lo que no cesa de no escribirse, a saber la falta de complementariedad natural de la pulsión y su objeto.

Entonces, ¿el discurso del hanalizante (con h de histérica) es incompatible con la designación de paciente? No, a condición de que como mínimo situemos la relación con el saber.
Freud recomendaba a sus pacientes aplazar toda decisión importante durante la cura, tener paciencia. También la paciencia es promovida para el analista, el león solo salta una vez, nos enseñaba Freud.

Con las prisas de hoy, dicha recomendación resulta poco practicable, pero sin duda, la sola instalación y atravesamiento de la transferencia pone a prueba la paciencia; saber esperar hasta dar ese cuarto de vuelta en el que el saber se encuentra con la verdad.


En cuanto a la palabra “paciente”, quizás hubo una epoca en la que se buscaba desalojar al discurso médico del sujeto, reestableciendo la dignidad subjetiva ante el ser-objeto-paciente de la mirada médica. El enfermo sufre, está acostado, le duele, se queja, el médico sabe lo que le pasa, le receta algo y se cura, poniendo fin a la demanda. Happy End. Claro que no es éste el modelo que inventaron Freud y sus...pacientes. En la época en que clamaban ser escuchados mas allá de la demanda


Aunque algo se mantiene: la posición recostada en el diván. Pero algo profundo se subvierte: la relación al saber, y ahí estaría la diferencia entre el “paciente” médico, y el “paciente” analítico.


Un poco de refrescante etimología de la Real Academia

a) tener paciencia: e.d. la virtud del que sabe esperar con calma una cosa que requiere tiempo (no está mal, hay un saber del lado del sujeto, una espera virtuosa y el acento queda del lado de la cosa)
b) ser paciente: persona que padece una enfermedad, sujeto que recibe la acción del agente. En este punto, quizás, podríamos pensar al sujeto sometido al goce del Otro.


Se nos critica que los análisis son largos, que el paciente no quiere ser paciente mucho tiempo, pero nada comparado con el tiempo que tuvo el sujeto a lo largo de su vida, minuto a minuto, para construir su neurosis. Una neurosis de la que el sujeto quedó paciente y nosotros tomamos el relevo.

El sujeto hará un camino desde ser paciente hasta hacerse semblante del objeto. Momento en el que puede nombrar – y acotar- el goce a partir de la experiencia analítica de la pérdida del objeto. Descubrimiento de su modo de sujeción de los tres registros.

En fin; hay desde donde pensar para darle ética y alcance analítico a la palabra paciente, sin querer connotar con ello una posición de supremacia respecto del sujeto, que trabaja en el diván y nos paga por ello.

Ya está, me decía un colega amigo, seguí así y vas a terminar propiciando la palabra cliente, con la que en los EE.UU. designan a los pacientes.
Pero ahí veo el límite más claro, el cliente paga por algo, el analizante paga por la inconsistente nada, lo sabe sin saberlo hasta que lo descubre...pacientemente. Se trata de toda la diferencia entre el plusvalor que paga un cliente (sea cual sea su sexo) y el plus de gozar, que en cada hombre, cada mujer, dejará marcas únicas.
El cliente es un invento del capitalismo, mientras que el psicoanalista es un invento del paciente.


Berlin, casi primavera del 2010

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