Sonntag, 19. Mai 2013

UN INSTANTE MÁS Y LA BOMBA ESTALLÓ





a MD con cierto retraso.
 Por Claudio Steinmeyer, Berlín, Mayo 2013

























-         El primero aún parece un accidente. Incluso a esta distancia, muy lejos, tantos días después, aquí estoy, pensando que es un accidente.
-         Porque tiene que serlo-dijo ella.
-         Tiene que serlo- repitió él.
-         El modo en que la cámara parece manifestar su sorpresa.
-         Pero sólo el primero.
-         Sólo el primero – dijo ella
-         El segundo avión, para cuando aparece el segundo avión –dijo él-, ya somos todos un poco más viejos y sabemos más.

(“El hombre del salto”, Don Delillo)





Fueron cuatro atentados terroristas que me dejaron una suerte de marca insistente: Embajada de Israel (17.03.1992),  AMIA (18.07.1994), los aviones de  EE.UU (11.09.2001), los trenes de Madrid (11.03.2004). Los dos primeros sucedieron en mi ciudad, en la que en aquel entonces vivía. Escuché sus explosiones, ví sus humaredas, me estremecí con sus interminables sirenas de ambulancias y bomberos.
El de Madrid me encontró estando en Barcelona, fue un viernes 11 de Marzo, cuando todos discutíamos sobre las elecciones presidenciales de España previstas para el siguiente domingo.
Los atentados con los aviones  los ví por televisión, quizás los más siniestros de los cuatro, aviones comerciales estrellados contra edificios civiles.

Sea como sea, el reciente atentado durante el Maratón  de Boston (15.04.2013) significó cierto punto de basta en mi subjetividad y me decidí a escribir algo al respecto, tratando de enmarcarlo en nuestro discurso psicoanálitico.

Escribir uno por uno sobre lo real, quizás de eso se trate la respuesta subjetiva que estaba madurando en mí .

He señalado con exactitud las fechas de los atentados, porque ya la manera de referirse a alguno de ellos, como 11-S, 11-M,  refleja bastante bien el intento simbólico de ponerle una cifra, una letra, a aquello para cuya simbolización no se está “naturalmente” preparado. Me parece que no es casual que semejante irrupción de lo real tienda a quedar marcada con una cifra y una letra, una mínima referencia simbólica  allí  donde el tiempo lógico se detuvo en el instante de ver, con una muy lenta comprensión y acaso conclusión.


Esta irrupción de lo real que desencadena el acto terrorista se asemeja al modo de una catástrofe natural, como un tsunami,  con la diferencia de que el acto terrorista ha sido perpetrado por personas. Es un acto artificial, lo que a mi criterio lo vuelve más ominoso, incluso en sentido freudiano, el edificio, el avión, que nos resulta tan familiar todos los días, se transforma de un momento al otro en un angustiante infierno.
No pretendo hacer un exhaustivo análisis psicoanalítico del terrorismo. No soy especialista en el tema ni es este el espacio indicado. Además hay colegas que han escrito interesantes  desarrollos sobre la cuestión. Sólo por citar algunos: Fernando M. Aduriz (ELP) , Miquel Bassols (ELP) y Eric Laurent (ECF) por nombrar trabajos de reciente aparición y escritos  desde la orientación lacaniana como contribución a la clínica post-traumática de los sobrevivientes y afectados directos.
En esta ocasión sólo quisiera intentar aproximarme a alguno de los aspectos de tan complejo fenómeno de la época, el que representa los atentados terroristas  y sus efectos en aquellos  sujetos alcanzados mediáticamente.
Cuya emblemática fue inaugurada con los atentados del 11 de Septiembre de 2001.
Capturada por los medios masificados, lo que se estrella, lo que se derrumba, nos mira.
El acto terrorista pretende hacer un cortocircuito entre lo real y lo imaginario, cierta efracción de lo simbólico. Una especie de estadio del espejo pero sin un lugar tercero con el que confirmar la imagen, fragmentando la seguridad que ofrecía el mundo (Umwelt) hasta ese momento. La suplencia en ese punto se desanuda. Aquello que Joyce tan trabajosamente logró a través de la escritura, construir un “yo” con el cual anudar los tres registros del sujeto: simbólico, imaginario y real, el acto terrorista lo borra. El atentado borra en lugar de escribir. Es lo que no cesa de borrar si me permiten la paráfrasis lacaniana. O quizás esto haya cambiado últimamente y sea más correcto decir se trata de lo que no cesa de no borrarse, como se puede desprender de lo que viene a continuación.
En principio podemos decir que el acto terrorista no hace discurso. Es, como lo señala Laurent, la pura voluntad de muerte por parte del Otro.
Encontramos en el texto de Bassols un breve referencia clínica, relatada por una enfermera que brindó asistencia  en los trenes a los heridos del atentado 11M.
Ella relata el impacto que le produjo oír los móviles sonando por doquier, llamados que nunca serían respondidos...
Esto es señalado por Bassols para remarcar el hecho que en lo traumático no se trata tanto de lo que efectivamente sucedió, sino de lo que nunca llegará a pasar. Lo real que no llega a tener lugar en lo inconsciente.
Una imagen de similar fibra emocional la encontramos en la novela citada en el epígrafe de Don Delillo  sobre el 11-S: la gente que quedó atrapada por arriba de los pisos en los que se estrellaron los aviones. Muchos recordaremos  las imágenes de la gente desesperada tirándose al vacío eligiendo enfrentar a la muerte antes que morir en las llamas. Pues bien, hubo quienes se lanzaron al vacío en parejas, tomados de la mano. Morir con el otro, impresionante respuesta subjetiva ante la voluntad terrorista de la muerte del Otro.

He visto decenas de dibujos realizados por niños neoyorquinos sobretodo preescolares recopilados por la ACIA en los meses posteriores al ataque. Impresionan sus rasgos toscos, descoloridos, austeros. En general parecen haberse inspirado en la transmisión de la TV a pesar de vivir en la misma ciudad de los hechos. Un elemento repetitivo son figuras humanas cayendo en el aire al costado de los edificios envueltos en llamas. Me recuerda a lo que en mis tiempos de estudiante nos enseñaban desde la clínica kleiniana en el trabajo con dibujos infantiles:  la pura envidia sin tercerizar, destrucción oral sin subjetivación posible, tanto para el atacado como para el atacante.


Hay innumerables formas de describir, desde la sociología política, lo que es el terrorismo. He escogido -casi al azar- una de ellas,  la que suele citarse en el Depto. de Estado de los EEUU, definicion de Boaz Ganor (Israel, 2000):  "violencia premeditada, con motivación política, perpetrada contra objetivos no combatientes por grupos no estatales o agentes estatales clandestinos, habitualmente con el propósito de influír en la opinión pública o audiencia-objetivo.
En este sentido se puede diferenciar el acto terrorista del crimen organizado. El terrorista busca modificar o destruir la estructura legal vigente, mientras que el crimen organizado busca beneficiarse de la violación de las leyes pero no se plantea su transformación.” Esto no quita que por motivos estratégicos uno y otro puedan coincidir.



Sin embargo esta definición del terrorismo  deja por fuera un aspecto, a saber el acto terrorista. Pues en definitiva el terrorismo ES cuando ACTUA. Con sus características de imprevisibilidad y anonimato
La guerra es la extensión de la política por otros medios, define Clausewitz. El terrorismo es la negación de la política, la suspensión institucional, el colapso de los derechos. Es la mítica horda antes de dar muerte al Padre gozador y fundar el grupo social.

Un instante más y la bomba estallaba, cita Lacan en varias ocasiones para señalar con la indeterminación del verbo imperfecto,  que a falta del contexto,  el suceso pudo ocurrir, o bien pudo no ocurrir.

Pero tomándolo por el sesgo de lo mediático de un atentado con las interminables imágenes que se reproducen sin solución de continuidad, podemos decir que el acto terrorista borra esa indeterminación: un instante más y la bomba estalló. El sujeto no encuentra salida en ninguna ambigüedad. Produce una coagulación del sentido. El significante queda girando sobre sí mismo, casi hecho un signo.

Terror: si bien últimamente solemos asociar el término a fundamentalismos religiosos, su origen se remonta precisamente al momento de la irrupción del iluminismo y la revolución francesa, concretamente a aquella estrategia jacobina aplicada por Robespierre desde el estado, inaugurando así el denominado terrorismo de estado. Pero este terrorismo de estado, siguiendo a Ganor, no debe confundirse con el terrorismo antes definido. En el terrorismo de Estado el sujeto está advertido de que cualquier cosa puede pasarle a cualquier persona en cualquier momento.

 En el terrorismo “a secas” interviene claramente el factor sorpresa, lo inesperado. Sucede allí donde no se lo espera. Es una suerte de envés de la estrategia preventiva de la fobia.
Quizás por eso no hablemos de “angustismo”.
Hay otro carácter que debería de llamar nuestra atención: la cuestión de lo anónimo, hubo un tiempo en que tras el atentado terrorista, el grupo autor se adjudicaba la responsabilidad del atentado. Incluso competían diferentes grupos por adjudicarse la autoría.  Se ve que la estrategia cambió, hoy en día esa responsabilidad aparece diluida, a lo aleatorio de las víctimas se suma el desconocimiento de quién fue el autor. Así cualquiera puede ser víctima, pero también sospechoso.

El cuarto avión señala una nueva era:
Pero hay un hecho nuevo a saber: las redes sociales, las tecnologías actuales de comunicación. De hecho, el cuarto avión del 11-S, no llegó a su objetivo puesto que los pasajeros, advertidos por sus seres queridos a través de los móviles  de lo que estaba sucediendo, decidieron amotinarse obligando a los terroristas a estrellar el avión en el campo. Estos pasajeros, hombres y mujeres, son a mi criterio, los nuevos héroes de la época.

Estas mismas redes sociales permitieron también que en el reciente atentado del maratón de Boston se identificaran a los responsables: esto introduce un hecho nuevo en la lógica del terror, el anonimato encuentra un límite.
Quizás por eso este atentado, en el que se identificaron a los responsables, quede inscripto en la memoria colectiva como Boston Bombing antes que 15-A.


Es decir, la lógica terrorista se encuentra desde Boston con una novedad de estructura: así como esos  móviles del 11M sonaban sin obtener respuesta,  son móviles que ahora capturan imágenes, miles de fotos, videos, escenas al azar que ayudaron a capturar a los responsables.
Cualquiera puede ser víctima, cualquiera puede ser sospechoso, pero cualquiera puede ser testigo que ayude a la identificación de los responsables.
Esta época superdigitalizada, invasiva de la vida privada es al mismo tiempo su garantía, sino para prevenir los actos terroristas por lo menos para aclararlos, puesto que en definitiva la justicia es uno de los medios para resolver ese agujero simbólico.
En el día del atentado de Boston, en uno de los tantos comentarios publicados en Facebook, alguien  expresaba “día triste para los corredores y otros deportistas”, y un familiar le respondía con la intención de transmitir consuelo “Bueno, así es el mundo donde estamos ”. Se puede notar en este comentario cierta re-absorción del terror en la cultura.


Recuerdo que el psicoanalista Javier Aramburu solía decir del Otro cultural que no nos lo imaginemos simplemente como un señor con barba y astuto, sino como un hecho de estructura por el cual todo lo producido en la cultura es apropiado, domesticado, por el Otro. Y quizás el acto terrorista buscando conmover a los medios ha logrado diluir por los mismos medios su propio mensaje. El Otro cultural mediático se fagocita al terrorismo.




BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

“El hombre del salto”, Don DeLillo , HarperCollins / Planeta, BCN 2010
“El Inconsciente, Otra cosa”, Miquel Bassols, Sección clínica de Barcelona, 2013
 “Maratón”, Fernando M. Aduriz, http://www.blogelp.com/index.php/maraton-fernando-martin-aduriz-palencia , 2013 
 “El tratamiento de la angustia postraumática: sin estándares pero no sin principios”, Eric Laurent,  El psicoanálisis, núm., 7, p., 36, ELP, Barcelona, 2004.
“The World Trade Center Attack: Consequences and Perspectives for Children and Youth” -  The Academy for Critical Incident Analysis, NY, NY, USA.


La foto es de 1914, el autor es Eugene de Salignac . Es de la construcción del puente de Brooklyn. Me alegré de encontrar esa imagen pues a su vez señala una encantadora historia que conocí gracias a Paul Auster y contaré otro día.















Lacantectura / Berlín Psicoanálisis y Arquitectura




                                                                               Claudio Steinmeyer, Berlin, Pascuas 2013

                                                                   

 











 


Sin duda que la arquitectura se presta bien como metáfora para lo que hacemos en un psicoanálisis. Sólo pensar en la etimología de la palabra Arquitectura:  arte de la construcción, nos invita a trazar paralelismos con nuestro campo.

¿En qué radica la semejanza entre la arquitectura y nuestra práctica psicoanálitica?
Yo encontré una respuesta posible que intentaré compartir hoy con ustedes.

Como de costumbre, prefiero no perder de vista las referencias freudianas. En Construcciones (Konstruktionen) en Psicoanálisis, Freud define  a la construcción como la tarea específica del analista: proceso de llenar  las lagunas en la historia que sucumbieron a la represión.

Dice que la tarea de reconstrucción es el objetivo final de un arqueólogo, pero que la construcción es para el psicoanalista una tarea preliminar.
Pero - y esto es interesante -  no preliminar en el sentido de la construcción de un edificio: levantar primero las paredes, luego colocar puertas y ventanas y finalmente la decoración interior.
Es preliminar en un sentido lógico, y  Freud hace entonces una descripción de lo que podríamos denominar una dialéctica, una dialéctica del trabajo analítico:

Construcción…..nuevo material del paciente….nueva construcción….nuevo material....etc

Agrega que  ni siquiera hace falta que la construcción contenga todos los puntos del pasado del fragmento olvidado, sino que basta con que produzca en el paciente la “convicción” de la verdad histórica (historische Wahrheit) con la que llegaremos al mismo resultado terapéutico.
Freud agrega que el analista, a diferencia del arquéologo, al construír cuenta con la ventaja de tener frente a sí el material proveniente de las repeticiones (Wiederholungen) vía la transferencia.
Y da un ejemplo en el que la construcción  refleja la situación edípica del sujeto: papá, mamá, nacimiento de un hermano, sentimientos cariñosos a uno, hostiles al otro, etc.
La construcción busca entonces la convicción ante la verdad histórica reintroduciendo el sentimiento de continuidad subjetiva y el levantamiento de la represión.

¿Cómo guiarnos para construir ese trozo olvidado e inaccessible que hemos de construir con valor de verdad histórica?

Vamos ahora a Lacan. Encontramos en el Seminario VII “La Etica”  que “la arq. primitiva puede ser definida como algo organizado alrededor de un vacío”. Y la compara con el vaso construído por el alfarero, el vaso, quizás el primer objeto industrial hecho para representar la existencia de un vacio a llenar, introduce la alternancia vacio / lleno en lo real, lo que llamamos La Cosa (Das Ding). El Real afectado por el lenguaje, la cultura.
La Cosa será uno de los pasos previos al desarrollo de Lacan sobre el objeto a.
En lo real no falta nada, es el vaso, o en nuestro campo el falo, lo que introduce un vacío, una falta.
Es en el Seminario X “La angustia” (Die Angst) donde Lacan continúa formalizando la idea del vacío producido a partir del órden simbólico. Y va a llamar “casa” (Heim en alemán) al lugar “menos phi” -j . Este lugar representa la castración imaginaria, el lugar vacío que cuando falta, produce angustia. Es el punto desde el cual el neurótico intentará obturar la castración en el Otro. Ese Otro hecho del océano de significaciones sostenidas en las historias de la “novela familiar”.

Podemos ya establecer un primer alto en el camino y decir que aquello que el analista construye es algo vinculado con esta alternancia vacío / lleno que definirá la relación del sujeto con lo real.

El sujeto vendrá con una queja. Una Demanda. Tomaremos el relevo en la transferencia de aquello que el sujeto neurótico ha hecho en toda su vida: pedir. Pedir para tapar el objeto del deseo.  Y todo el movimiento del análisis será el recorrido del sujeto a las vías de la recuperación de su deseo, desde la demanda $<>D hasta el fantasma:  $<>a

En tal sentido creo que hay un momento privilegiado de la práctica analítica en donde se puede apreciar la elaboración de una suerte de “plano arquitectónico” en el que registrar este recorrido y es en la supervisión.
Pues es  la supervisión un buen lugar  donde se puede captar el significante de la transferencia (ST) y su conexión con  la función fálica  en el que el sujeto formuló sus primeras demandas ante el desgarro que la irrupción del lenguaje produjo en el mundo de sus necesidades, recortando al objeto a,  idealizado en el amor:

______i (a)_____
ST <-----> PHI 

                           

Si construímos sin considerar la función fálica caemos en la sugestión.
Si construímos sin atender al sigte de la transf., tenemos la teoría del simbolismo que nos puede abrir la puerta al acting out rectificatorio, el paciente nos informa: ha errado Ud. el blanco.
Si construímos sin el “a” tenemos el análisis infinito, pues es su despejamiento del agalma lo que detiene la inercia del amor de transferencia.

Pero si el plano es correcto, si la construcción funciona, surgirá, o al menos hacia allí apuntaremos como final de análisis, el nombre de goce del sujeto,  el sympthome, una creación simbólica ex-nihilo a partir de la nada, del “Das Ding” , y que podría compararse con la forma  de un chiste, en tanto tiene algo de lapsus calculado,  introduce un lazo social, requiere de una sanción del tercero como tal.

Por supuesto hasta aquí vimos una especie de arquitectura plana, que se presta mal para articular la representación del cuerpo, lo cuál llevó a Lacan a introducir la teoría de los nudos, una topología que permita representar los registros Real, Simbólico e Imaginario y su nudo suplementario. Pero eso lo podemos ver en otra ocasión.




Sonntag, 12. Mai 2013

Berlin Lacantektur / Psychoanalyse und Architektur / Berlín psicoanálisis y arquitectura




  Claudio Steinmeyer, Berlin, Ostern 2013
                                                                                                                      
                                                                                                                  

 


Ich möchte zuerst schnell klären das ich von Architektur nicht viel weiß, und von der psychoanalytischer Theorie vielleicht knapp etwas mehr. Aber immerhin  meine Praxis soll mich durch das Thema führen können. Zweifellos lässt sich die Architektur sehr gut als Metapher unserer Praxis benutzen. Schon die Etymologie des Worts „Architektur“ : Kunst des Baus, ladet uns  ein um Parallelismen mit unserem Feld zu überlegen.
Wo liegen die Gemeinsamkeiten zwischen der Architektur und unserer psychoanalytischen Praxis? Ich habe zu dieser Frage eine mögliche Antwort gefunden, die ich heute mit Euch teilen möchte.

Wie üblich will ich dabei freudianische Referenzen immer in Betracht ziehen. In „Konstruktionen in der Analyse“ definiert Freud die Konstruktion als grundlegende Aufgabe des Analytiker: das Vergessene aus den Anzeichen (Spuren), die es hinterlassen, zu konstruieren. Und so ein vollständiges Bild der vergessenen Lebensjahre des Patienten herzustellen.

Freud besagt, dass die Rekonstruktion letztendlich das Ziel eines Archäologen sei, jedoch die Konstruktion für den Psychoanalytiker eine vorbereitende Aufgabe darstellt.

Aber – und jetzt wird’s interessant: nicht „vorbereitend“ wie bei einem Hausbau, bei dem zuerst die Wände aufgerichtet, dann die Türen und Fenster eingebaut werden und schließlich dekoriert wird. Die Konstruktion ist für Freud im logischen Sinne vorbereitend, und er beschreibt eine so genannte Dialektik, die Dialektik der analytischen Vorgehensweise:

Konstruktion... neues Material des Patienten... neue Konstruktion... neues Material... usw.

Dabei sei es kaum notwendig, dass die Konstruktion alle Aspekte der Vergangenheit der vergessenen Fragmente beinhaltet; es reicht, wenn es für den Patienten zu der „Überzeugung“  der historischen Wahrheit führt, mit der wir das gleiche therapeutische Ergebnis erzielen.
Lasst mir bitte euch kurz daran erinnern, dass mit dem Fall “Der Wolfsmann”, Freud verlässt den Versuch die genaue Einzelheiten der Traumtische Szene zu verfolgen und fängt an mit der Phantasie zu arbeiten, denn die Phantasie enthält subjektive Wahrheit egal ob das in der Wirklichkeit geschehen ist oder nicht. Die Phantasie bekommt jetzt ihr eigenes spezifisches Gewicht.


Freud fügt hinzu, dass – anders als beim Archäologen – der Analytiker bei der Konstruktion den Vorteil hat, das Material aus Wiederholungen anhand der Übertragung vor sich zu haben.



Dazu gibt er ein Beispiel, bei dem die Konstruktion die ödipale Situation des Patienten widerspiegelt: Vater, Mutter, Geburt eines Geschwisters, liebevolle Gefühle dem Einen gegenüber und feindliche gegenüber eines Anderen usw.

 
Die Konstruktion sucht also die Überzeugung angesichts der historischen Wahrheit und stellt wieder ein Empfinden von subjektiver Kontinuität her bei Aufhebung des Unterdrückten/Verdrängten.

Auf welchem Wege wollen wir diesen vergessenen, unzugänglichen Teil mit gültiger historischer Wahrheit konstruieren?

Schauen wir uns an, was Lacan dazu beibringt. Im Seminar VII „Die Ethik“ sagt er, dass „die primitive Architektur als etwas definiert werden kann, dass um eine Leere herum organisiert wird“, und vergleicht sie mit dem Krug, den der Töpfer erschafft. Der Krug ist vielleicht das erste industrielle Stück zur Repräsentation einer zu füllenden Leere; hier finden wir die
Abwechslung von leer/voll im Realen, was wir „das Ding“ nennen. Das Reale wird von der Sprache, der Kultur, beeinflusst.

Das Ding wird eines der Schritte Lacans sein, die der Erörterung des Objekts a vorausgehen. Im Realen fehlt nichts, es ist der Krug, oder in unserem Fach der Phallus, der eine Leere entstehen lässt, ein Fehlen.

Im Seminar X „Die Angst“ formt Lacan weiterhin die Idee der Leere, die aus der symbolischen Ordnung entsteht. Er bezeichnet dabei den Ort "minus phi” als “Heim”. Dieser Ort symbolisiert die imaginäre Kastration, der Ort der Angst verursacht, wenn er fehlt. Der Punkt, aus dem heraus der Neurotiker die Kastration des Anderen zu verschließen versuchen wird. Der Andere entspringt einem Meer aus Bedeutungen der Geschichten des “Familienromans”.


Hier können wir eine erste Pause in unserem Weg einlegen und behaupten, dass das, was der
Analytiker konstruiert, mit dieser abwechselnden Leere und Fülle zu tun hat, die die Relation des Subjekts mit dem Realen definieren wird.

Das Subjekt kommt mit einer Beschwerde, einem Anspruch. Wir fahren fort mit der Übertragung dessen, was der Neurotiker sein ganzes Leben getan hat: fordern. Fordern, um das Objekt des Begehrens zu decken. Die Entwicklung der Analyse entspricht dann dem Weg des Subjekts zurück zu seinem Begehren, vom Anspruch $<>D zum Phantom:  $<>a

In diesem Sinne, glaube ich, gibt es einen bedeutenden Augenblick in der analytischen Praxis, in dem eine Art „architektonisches Grundriss“ erschaffen wird, wo wir diesen Weg verzeichnen können, und das ist die Supervision.

Denn die Supervision ist ein guter Platz zur Erfassung des Signifikanten der Übertragung (SÜ - Der unbewusste Name des Analytikers)  und seiner Verbindung mit der phallischen Funktion. Damit formulierte das Subjekt seine ersten Ansprüche angesichts des schmerzhaften Einbruchs der Sprache in die Welt seiner Bedürfnisse, und das Objekt a, in Liebe idealisiert, einschränkte:




i(a) : SÜ <>PHI

Wenn wir konstruieren, dabei aber die phallische Funktion nicht beachten, befinden wir uns in der Suggestion.
Wenn wir konstruieren, ohne den Signifikant der Übertragung zu beachten, greifen wir zurück auf die Theorie des Symbolismus, die uns eine Tür zum korrigierenden Acting-out öffnen kann, indem der Patient uns in Kenntnis setzt, dass wir das Ziel verfehlt haben.

Wenn wir ohne „a“ konstruieren, haben wir die unendliche Analyse; denn die Aufdeckung des Agalmas ist es, was der Trägheit der Übertragungsliebe Einhalt gebietet.



Wenn der Grundriss jedoch richtig ist, wenn die Konstruktion funktioniert, entsteht (oder sollte entstehen, als angestrebtes Ende der Analyse) der Genussname des Subjekts, das Symptom, eine symbolische Erschaffung (ex-nihilo) des Dings aus dem Nichts. Wir könnten es mit der Form eines Witzes vergleichen, denn es hat etwas von einem kalkulierten Lapsus, es beinhaltet eine soziale Verbindung und bedarf einer Sanktion eines Dritten als solche.

Selbstverständlich haben wir es bisher mit einer Art flacher Architektur zu tun gehabt, die sich nicht besonders gut zur Darstellung des Körpers eignet. Das bewegte Lacan dazu, die Theorie der Knoten aufzustellen, eine Topologie zur Darstellung des Realen, Symbolischen und Imaginären, sowie deren suplementären  Knoten. Aber das können wir ein anderes Mal behandeln.