Freitag, 7. Februar 2014

La cosa norteamericana o acerca del factor c



por Claudio Steinmeyer, Berlín, febrero de 2014










En este breve texto trataré de compartir algunas reflexiones a partir de esa sutil, casi fugaz referencia de Lacan al factor c.


Lo encontré por primera vez releyendo el texto de los Escritos  “Función y Campo de la Palabra” cuando me detuve, o algo me detuvo, en la página 235 de mi super subrayada 10ma. edición de y desde 1984. Igual es fácil de localizar, está en la introducción, cuando Lacan va preparando la argumentación para la crítica del behaviorismo anglosajón que insinuaba dominar la escena psicoanalítica de entonces, 1953.
La época del primer Lacan, como se dice ahora.
Y donde habla en especial de la incidencia que el grupo norteamericano (incidencia antes por su número de miembros que por su producción teórica)  tenía para el movimiento analítico.
Grupo norteamericano que a decir verdad estaba principalmente conformado e inspirado en los psicoanalistas europeos, en gran parte judíos, emigrados de la Europa acosada por el nacional-socialismo, y a la que por cierto los EE.UU. ayudaron a liberar.

La cita en cuestión: “...la importancia de ese factor c...una constante característica de un medio cultural dado: condición aquí del antihistoricismo en que todos están de acuerdo en reconocer el rasgo principal de la “comunicación” en los EE.UU., y que a nuestro entender está en las antípodas de la experiencia analítica.”

Surge la pregunta si efectivamente habría tan amplio acuerdo en reconocer al antihistoricismo como rasgo principal de la comunicación en los EE.UU.
O en todo caso si actualmente esto sigue siendo vigente.  No creo que la cita se refiera  necesariamente a una crítica de la posición anti-historicista de Karl Popper, no podría englobarse a toda la cultura norteamericana detrás de esa tendencia. Más bien - y si tenemos en cuenta que Lacan en el citado texto concluye dirigiéndose a la concepción hic et nunc de ciertas psicoterapias “psicoanalíticas”  en boga en aquel entonces-  habrá que situar este  antihistoricismo por el sesgo de diluir durante la cura la causa histórica en el devenir del sujeto, su Edipo, su novela, en definitiva la particular forma subjetiva de haberse apropiado del pasado y de cómo éste quedó escrito en el inconsciente como texto a descifrar en un análisis.


Así como Freud describe los resortes identificatorios de una masa en  el corte  sincrónico de un grupo / sociedad en un momento dado, el factor c parecería aludir al común denominador diacrónico, casi filogenético, de una sociedad, y el que en el transcurso de las generaciones le impregnaría cierto carácter de identidad. Acaso coloquialmente: la puntualidad alemana, la falta de humor ídem, el lamento tanguero argentino, el chauvinismo francés, y con Lacan se agrega a este listado informal: el antihistoricismo norteamericano.

Sin embargo que el antihistoricismo sea el leitmotiv en la comunicación norteamericana no parece tan evidente.  Basta vivir un tiempo en los EE.UU. como para notar los arraigados sentimientos que despiertan los festejos de un cuatro de Julio, los recurrentes recuerdos de la guerra civil en los estados sureños, la participación ciudadana en las pequeñas ciudades durante las marchas de veteranos de guerra, y más recientemente los sentidos aniversarios del 11/9,  o el permanente recurso colectivo a apoyarse en su Constitución de 1787.
Puede ser que en la década de los 50, en la que Lacan inscribe su crítica durante pleno Retorno a Freud,  EE.UU. haya caído en cierta posición de “olvidar el pasado y mirar para el futuro” después de haber perdido casi medio millón de ciudadanos durante las dos guerras mundiales y que la incipiente Guerra de Corea parecía amenazar con su repetición.
Pero también en el campo de la producción cultural encontramos la enorme ductilidad que tienen los norteamericanos para saber contar una historia, de donde surge una parte del encantamiento que ejerce el cine de Hollywood más allá de su colosales estructuras de marketing y distribución.
Películas, como Casablanca, Lo que el viento se llevó, 2001, o Mystic River, son historias relatadas de modo envolvente, alguna incluso estructurada sobre una escena originaria no accesible a la memoria colectiva o a la consciencia o al conocimiento del otro pero a la vez causando la historia sobre la que se apoya.
Es un hecho además que uno de los cursos estrella en las Universidades de EEUU sea la historia de su literatura, como el excelente curso on-line y abierto que ofrece la New York University al recorrer el conflicto libertad-igualdad (p.ej. con la esclavitud)  a lo largo del pensamiento social norteamericano .
En tal sentido podríamos sugerir que tal vez lo que caracterice más a la sociedad norteamericana sea su mito del American dream  o el Time is money, quizás la más elaborada expresión del capitalismo al hacer equivaler los segundos en dólares, lo cual tampoco es una “antípoda” del análisis pues  la conjunción de tiempo y dinero  son por cierto  variables sobre la que se estructura el dispositivo analítico.



$<> c

Aclaremos rápidamente que no me equivoqué al escribir la fórmula del fantasma, y mucho menos intentar proponer una nueva.
Es tan sólo ensayar una hipótesis con esta ligera variante, reemplazar la letra a por la letra c.
¿De qué nos sirve?
Así como no hay a nivel de la pulsión relación natural del sujeto con el objeto, tampoco hay relación natural entre el sujeto y su cosa cultural. Así el supuesto antihistoricismo norteamericano podría equipararse con el archihistoricismo soviético.
En esto creo seguir a Bernard-Henry Lévy cuando desarrolla la idea de que el historicismo a ultranza nos lleva al Gulag, que a mi juicio también se encuentra en las antípodas del psicoanálisis.
Este “matema” es entonces visualmente lo bastante gráfico como para reflejar la irreductibilidad del sujeto a la cosa cultural/social, y viceversa, la imposibilidad de superponer la cosa cultural a los individuos que la habitan.

El factor c, es una de esos sorprendentes micro-conceptos que nos ha dejado Lacan, y que luego podremos relacionar con el concepto de cosa y literalidad/litoralidad,  v.g. la cosa japonesa.
Pero volviendo al párrafo mencionado en Función y Campo de la Palabra, hay ahí una referencia del propio Lacan a un texto previo suyo, a saber, su ponencia en el Congreso de Psiquiatría de 1950 ( “Intervenciones y textos I ”, Ed. Manantial re-editado posteriormente en Otros Escritos ):   “...designemos la carencia subjetiva que se manifiesta aquí en sus correlatos culturales por la letra c, símbolo al cual es posible darle cualquier traducción que parezca convenirle. Este factor escapa tanto a los cuidados como a la crítica, mientras el sujeto se satisfaga en él y asegure la coherencia social. Pero si el efecto de discordancia simbólica que llamamos enfermedad mental llega a disolverlo, será nuestra tarea restaurarlo.”


En esta lectura de la enfermedad mental, como conflicto individuo/sociedad que ha sido abordado por Freud en Tótem y Tabú, se refleja la imposibilidad estructural de armonía del sujeto con las coordenadas culturales del lugar en el que creció, en el que vive. Y esto no se resuelve desde “afuera” con un Ideal del Yo tal como  Freud lo describió en su Psicología de las Masas por el efecto iatrogénico que produce la masa en el individuo.
En esta línea con nuestra improvisada fórmula podemos  leer la política ya sea al acentuar un factor u el otro:
la constante cultural para reforzar la masa fraterna a la que nos conducen los populismos, o por el contrario exaltar al individuo en su búsqueda de triunfo frente al resto de los miembros de la sociedad, lo que amplía la hiancia entre el sujeto y la cosa cultural,  a lo que tiende el liberalismo.
Retomemos entonces la cuestión del antihistoricismo como soporte de la modalidad  hic et nunc  “donde algunos creen debe encerrarse la maniobra del análisis”. Sin duda que en la comunicación cotidiana norteamericana no se hace una oda al pasado. No hay un anclaje al pasado tan evidente como puede surgir en el discurso “promedio” en otras culturas. Pero esto tampoco significa, en mi opinión que sea solamente en el historicismo donde se produzca la maniobra del análisis. Al fin y al cabo y esto también es lacaniano,  algún sujeto puede gozar del pasado y de ahí que una estrategia del analista pueda precisamente consistir en introducir algo del orden del “aquí y ahora” para abrir cierta perspectiva hacia el futuro de modo que el analizante  no se quede  gozando con el pasado.