Samstag, 10. Mai 2014

Elogio de la maleta con ruedas (clínica del sinthome)




por Claudio Steinmeyer  / Intervención en la mesa redonda de la muestra atística “Valijas” celebrada en la Kamin Fabrik (Berlín) el 24.04.2104





Como de costumbre intentaré transmitir al público no habituado a nuestro lenguaje, alguna  reflexión que le permita familiarizarse con nuestros conceptos psicoanalíticos. En este caso, el sinthome que no hemos de confundir con el concepto de síntoma.

Estamos entonces hoy con las maletas, las valijas, el equipaje y su relación con la creación artística.
¿Qué se puede decir desde el psicoanálisis que no resulte necio sobre las valijas y el arte? Qué puedo decir yo, que mis conocimientos de las artes visuales son poco menos que los de un aficionado que se contenta simplemente con el goce estético. Voy entonces a los campos artísticos dónde me siento un poco más seguro, en este caso la literatura.
Es una pregunta que le hace decir Paul Auster a uno de sus personajes de la deliciosa novela Tombuctu, libro altamente recomendable para cualquiera que se haya encariñado alguna vez con un perro:


“ La maleta con ruedas...durante 30.000 años hemos llevado nuestra carga...con dolor de espaldas y agotamiento...¿Por qué hemos tenido que esperar a fines del siglo XX para que ese chisme apareciera? ”

La pregunta por la invención de la valija con ruedas, por qué se tardó tanto. Esta claro que el hombre se ha tomado su tiempo para ponerse cómodo en la tierra. Quizás en los últimos tiempos se haya acelerado un poco acaso.
Esto siempre me asombra, el tiempo que tardamos en hacernos la vida un poco más cómoda. Y por favor no me entiendan mal, no me refiero a comprar un coche. Me refiero a la rueda interior.

La rueda, ya la pensemos como invención industrial, objeto tecnológico o como obra de arte. Que pertenece a la cultura no cabe duda, habría que incluírla en las polaridades de Levi Straus: naturaleza-cultura, dulce-salado, crudo-cocido y agregamos:  cargar-llevar sobre ruedas.


Un psicoanálisis es eso, la invención de la propia rueda, ¿para ir más de prisa? Puede ser. Pero sin duda para ir más cómodo, no hacer tanto esfuerzo para llevar la misma carga.


Notarán que en este breve escrito, inspirado por las valijas de la muestra, me refiero a la rueda como metáfora. Metáfora de aquello que se inventa / construye a lo largo de un psicoanálisis.  En psicoanálisis, a esa rueda metafórica, Lacan le puso un nombre: el sinthome (condensación de síntoma y fantasma) que despejó, articuló con la ayuda de la obra de otro escritor, James Joyce.



Pero además la rueda, la metáfora de la rueda, engancha precisamente los grandes campos de trabajo en un psicoanálisis: S, I, y R.
Lo Simbólico porque  hacen falta algunos significantes-amo para “pensar la rueda”: 360 grados, el número pi, etc. Lo Real, porque sin duda quien es el depositario de la satisfacción que el uso de la rueda acarrea es el propio cuerpo.


El apaciguamiento de lo Imaginario, con sus características resonancias especialmente agresivas, en favor de un anudamiento S-R en el que canalizar el eterno conflicto entre significante y significado, pulsión / realidad, aliviando al yo de la angustia.
 

Por supuesto el sinthome de cada uno es particular, y aquí entra en rigor la diferencia con la ciencia, no hay una respuesta universal, no funciona el “ruedas para todos”.
Tampoco se trata de la “promesa de la rueda al final” que es lo que ofrece la psicoterapia. De hecho el psicoanálisis es el único lugar donde la invención del sujeto, la creación que durante el  análisis realice el sujeto en la experiencia de su goce, resulte una verdad con la forma de “rueda cuadrada”.







Sonntag, 4. Mai 2014

Detachment / La Educación, del saber a la verdad

por Claudio Steinmeyer / Berlín, mayo de 2014















 

Uno de  los temas que acompañaron la sobremesa de la cena que días atrás tuvimos la suerte de compartir junto con artistas y colegas de Argentina, de visita en Berlín, y que nos acompañaron en la mesa redonda “Arte y Psicoanálisis”, fue la educación. La educación pública y privada, en Argentina y en Alemania. Cuánto habría para extraer con sólo hacer una estudio descriptivo comparado de ambos países.
Comenté que en mi opinión, la educación pre-universitaria que se recibe en la Argentina, supera con creces – en cultura general – a la del graduado universitario promedio de Alemania. Me dijeron que eso cambió mucho en la Argentina, para peor. Pues me temo que en Alemania también cambió mucho en igual sentido.
Alumnos que atraviesan toda la secundaria sin haberse ejercitado en operaciones de conjuntos con  diagramas de Venn, o haber hecho alguna aproximación a la lógica proposicional o resolver correctamente –(2) ^4.
La respuesta común de varios jóvenes es: para qué estudiar si está en google.
Se inserta ahí un punto de viraje en la educación, una transición que a mi juicio podría describirse como la del paso del saber a la verdad.
El colegio ya no es el centro académico, el lugar de transmisión de un saber. Se trata de otra cosa ahora.
En esa transición se inscribe la película “Detachment”. Exquisito título cuyas resonancias en inglés son dignas de un E.A.Poe. Y de hecho la película se estructura en el cuento “La caída de la casa Usher” como metáfora de la educación actual.
Pero no para indicar su ruina a secas, sino para apostar a lo que de nuevo va emergiendo en sus aulas. Sin caer en el optimismo que Bill Gates expone acerca del futuro de la educación.
Esta película -que deploraría que no se estrene en la Argentina- muestra al colegio del futuro  más bien como un lugar de cierta canalización del goce. Un acompañar a los jóvenes hasta la “otra orilla” tratando de que no se quiebren en el camino. Un lugar de apuntalamiento de la  constitución subjetiva antes que de gestión de conocimientos académicos.
Sin duda entra en juego como nunca antes el deseo del docente. Y en ese marco supongo que el psicoanálisis también como nunca antes tiene elementos para aportar al modelo educativo de las próximas épocas.






El amor y lo femenino / un comentario sobre el libro de Paula Vallejo y Laura Russo

por Claudio Steinmeyer, Berlín - Mayo de 2014







Comentamos hoy este excelente, dinámico texto que su bien elegido título indica suficientemente el camino que se propondrán las psicoanalistas Paula Vallejo y Laura Russo en su contenido. Pero primero agradecer a Paula Vallejo el habernos dejado un ejemplar tras su reciente paso por Berlín, y con quien compartimos una mesa redonda sobre “Arte y Psicoanálisis.”

El amor y lo femenino. El detalle de la apuesta a la neutralidad del “lo”; y un paso de la substantivación a la adjetivación substantivada, marcando el más allá de la tradición freudiana sobre la cuestión de -la feminidad-.
Al ver el título del libro por primera vez, se me cruzó fugazmente una idea: el Uno y el Otro. De la estructura narcisista del amor, al recorrido de una satisfacción de un goce imposible de negativizar. De alguna manera fue esa mis premisa con las que abordé su lectura.

¿Qué une a un hombre con una mujer ? ¿Qué  une al Uno con el Otro? Algunas de las preguntas sobre las que descansa el avance del pensamiento occidental y de las que el psicoanálisis no sólo no es ajeno sino protagonista en la época actual.
Y este texto introduce, elabora, una notable formulación de Lacan:
es la pulsión y no el amor lo que nos liga a los otros.

Para ello el libro nos recuerda algunos desarrollos psicoanalíticos:  desde los antecedentes freudianos sobre la constitución masculina o femenina de un sujeto a partir de su paso por el Complejo de Edipo, hasta los desarrollos lacanianos sobre la sexuación, y por qué Lacan plantea una nueva lógica para pensar lo femenino, la lógica del no-todo, la lógica que se sostiene precisamente por la construcción de un sistema inconsistente, a partir de un “gap”, una falta: la del significante que pueda nombrar al universal de la mujer.

El texto presenta ese estilo que en lo personal me resulta particularmente agradable, el del diálogo con el auditorio, al estilo de las transmisiones de Lacan en sus seminarios. Pues se trata de desgrabaciones de clases que las autoras dictaron durante tres años. Apoyadas permanentemente en ejemplos clínicos que ilustran sus argumentaciones. Y encontramos además las preguntas del público, ese “Otro social” que tanto contribuyen a orientar, rectificar o validar la lectura.

Y para que el potencial lector tenga algunas coordenadas de lo que va a encontrar, señalo algunos de los puntos fuertes que hay en el texto:
-la mujer como objeto causa del deseo y cómo síntoma para el hombre
-el desarrollo de la ya famosa -casi popular- formulación lacaniana:    “amar es dar lo que no se tiene”
- fetiche y erotomanía
-cuando la relación madre-hija hace un amor estragante
-la cuestión del sacrificio y feminidad
-el masoquismo
-el goce femenino
-lo místico
-la lógica de la interpretación pensada desde “lo femenino”
Además de recorrer clásicos de la literatura como Lolita,  el Dr.  Zhivago y El arrebato de Lol V. Stein o abordar cuestiones casi técnicas como la distinción entre sentido y significación.

Y muchos otros temas que hacen de este libro un verdadero “manual de consulta” sobre el status actual del psicoanálisis de orientación lacaniana respecto de los temas propuestos desde el título. Pero manual no de uso académico, como las propias autoras lo señalan, sino al modo más propio del psicoanálisis, el que testimonia del esfuerzo del deseo del analista en dar cuenta de las problemáticas que la clínica de la época nos propone.



PD: Recuerdo que hace algunos años una alumna habló sobre las diferencias entre femenino, femineidad, feminidad pero además incluyó “lo femíneo”. Desde entonces, y  cada vez que me acuerdo, trato de utilizar esa última expresión ya que me resulta aún más refinada, delicada...








Donnerstag, 1. Mai 2014

Lob des Rollenkoffers



Von Claudio Steinmeyer / Beitrag zum Treffen Ausstellung „Koffer“, Kamin Fabrik (Berlin) am 24.04.2014




Wie üblich werde ich versuchen, das Publikum, das unsere Fachsprache nicht unbedingt kennt, anhand einer Reflexion mit unseren psychoanalytischen Konzepten vertraut zu machen. In diesem Fall, mit dem Sympthoma, was nicht mit Symptom zu verwechseln ist.



Wir befassen uns also heute mit den Koffern, Reisetaschen, Gepäck und ihre Verbindung mit der kreativen Tätigkeit. Was lässt sich aus der Sicht der Psychoanalyse über Koffern und Kunst sagen, das nicht töricht wäre? Was kann ich schon darüber sagen, da meine Kenntnisse über bildende Kunst gerade mal denen eines Amateurs entsprechen, der sich mit dem ästhetischen Genuss begnügt. Ich wende mich also den Kunstbereichen zu, in denen ich mich etwas sicherer fühle, bzw. der Literatur.

Es geht um eine Frage, die Paul Auster einer seiner Figuren sagen lässt im wunderbaren Roman Timbuktu, ein sehr empfehlenswertes Buch für jeden, der schon mal eine große Zuneigung zu einem Hund empfand:



Rollenkoffer... mehr als 30.000 Jahre haben wir unsere Last selbst getragen... mit Rückenschmerzen und Erschöpfung... Warum mussten wir bis zum Ende des 20. Jahrhunderts abwarten, dass dieses Ding erfunden wird?“



Die Erfindung des Rollenkoffers und die Frage, warum sie so lange gedauert hat. Klar ist, dass der Mensch seine Zeit brauchte, um bequem auf der Erde zu leben. Vielleicht hat sich das in letzter Zeit etwas beschleunigt.

Das wundert mich immer – die Zeit, die wir brauchten, um unser Leben etwas bequemer zu gestalten. Bitte versteht mich nicht falsch, ich meine damit nicht etwa, ein Auto zu kaufen. Ich meine das innere Rad.



Das Rad, sei es als industrielle Erfindung, technologisches Erzeugnis oder Kunstwerk zu verstehen. Keine Frage, das Rad gehört zur Kultur, es müsste zu den Polaritäten von Levi Straus zählen: Natur-Kultur, süß-salzig, roh-gekocht und eben (er)tragen-auf Räder tragen.





Psychoanalyse ist genau das: Die Erfindung des eigenen Rads. Um schneller zu gehen? Vielleicht. Aber auf jeden Fall um leichter durchs Leben  zu gehen, um mit weniger Anstrengung die gleiche Last zu tragen.



Wie ihr seht, geht es in diesem kurzen Schriftstück, das sich am Rollenkoffer inspiriert, um das Rad als Metapher. Eine Metapher dessen, was während der Psychoanalyse erfunden oder erbaut wird. In der Psychoanalyse hat Lacan diesem metaphorischen Rad den Namen Sympthoma gegeben (Verdichtung zwischen Symptom und Phantasma), den er mit Hilfe des Werkes eines anderen Schriftstellers, James Joyce ausarbeitete, artikulierte.



Aber gerade das Rad, die Rad-Metapher, passt außerdem gut zu den großen Arbeitsbereichen einer Psychoanalyse: S, I und R.

Zum Symbolischen, weil ein paar Herren-Signifikanten erforderlich sind, um „das Rad zu denken“: 360 Grad, die Zahl Pi, usw.

Zum Realen, denn durch den Einsatz der Räder ist es zweifelsohne der eigene Körper, der Erleichterung empfindet.



Die Besänftigung des Imaginären mit seinen charakteristischen, besonders aggressiven Resonanzen zugunsten eine Verknotung zwischen S und R womit der ewigen Konflikt zwischen Signifikanten und Signifikat, Trieb und Realität, kanalisiert werden kann. Was auch dem Ich von der Angst erleichtert.





Selbstverständlich ist der Sympthoma für jeden anders, und hier wird der Unterschied zur Wissenschaft klar; es gibt keine universelle Antwort. Das politische Motto „Räder für Alle“ funktioniert hier nicht. Auch geht es nicht um das „Versprechen des Rades zum Schluss“, was die Psychotherapie bietet. Tatsächlich ist die Psychoanalyse der einzige Ort, in dem die Erfindung des Subjektes, d.h. das Werk, das das Subjekt während der Analyse und der Erfahrung seines Genusses erschafft, eine Wahrheit in der Form eines „rechteckigen Rades“ ergibt.