Freitag, 8. April 2016

LITERATURA NORTEAMERICANA y PSICOANÁLISIS: CROSSROADS II



-Por quién doblan las campanas o Por quien dobla la campana-



Por Claudio Steinmeyer, PdpD, Berlin, 8 abril 2016 



  Foto: Portada Arrow Publishers, London 1994


 
 




Continuando por algunos de los sesgos con los que abordamos el ciclo “Literatura Norteamericana del s. XX y Psicoanálisis: crossroads” nos ocuparemos hoy una vez más de Ernest Hemingway. Esta vez con el título de una de sus novelas más famosas y atendiendo a un  par de particularidades que se revelan especialmente en su traducción al castellano. Particularidades sobre las que intentaremos decir algo desde cierta perspectiva psicoanalítica.
Así que será este un breve texto de índole más literaria que clínica, es decir, ambas cosas.

El título original de la novela de E.H. es “For whom the bell tolls”. Obra escrita en 1940 y que retrata tres días de la vida del norteamericano Robert Jordan  participando en las brigadas republicanas durante la Guerra Civil española.

For whom the bell tolls. Por quién doblan las campanas;  tal el título en castellano.

Parece una obviedad. Como suele suceder con las cosas complejas.
En primer lugar podemos advertir que, en efecto, el título original en inglés utiliza el singular: bell / campana, tolls / dobla. Hemingway no escribió como título: For whom the bells toll. No son campanas que doblan, es el doblar de una campana.

Es un detalle que puede pasar inadvertido como la mancha en anamorfosis que aparece en la parte inferior del cuadro Los Embajadores de Holbein en el que aprendimos con Lacan que sólo a determinada distancia y desde cierto ángulo podemos reconocer la presencia de la nadificación del sujeto, la encarnación del -phi, la castración. (1)

Según lo que pude averiguar, esta pluralización en el  título aparece ya desde la primera versión en castellano llevada a cabo por el traductor argentino Eduardo Johnson Segui para la editorial S.A.D.E en 1942 pero que al poco tiempo dejó de imprimirse. Luego saldría publicada una edición más perdurable, la de Olga Sanz, para la editorial argentina Claridad en 1948 y más tarde la de Olga de Aguado para Editorial Planeta en 1968. Estas dos últimas traducciones son básicamente las que se siguen utilizando para nuevas ediciones en las que a lo sumo  se las moldea un poco para adaptarse a los usos y costumbres de los países de habla hispana. (2)


En mi opinión está claro que el pasaje del singular al plural es un excesivo forzamiento respecto del original.
¿Es por una especie de “inflación trágica”? ¿Es por una cuestión estética? ¿Es por efecto de la represión? Pensé si acaso la idiosincrasia española, el uso cotidiano de la lengua o tal vez  la licencia poética, justificarían decir en castellano “Las campanas doblan” antes que “La campana dobla”. Teniendo en cuenta la geografía en la que se desarrolla la acción de la novela, y que por cierto EH vio con sus propios ojos mientras la cubría como corresponsal durante la Guerra Civil,  podemos afirmar que hay muchas capillas que cuentan con una única campana.
Y desde el punto de vista del uso literario,  viene a auxiliarnos un poema de Federico García Lorca (3). Y apostaría a que  Hemingway conocía la obra del poeta granadino.


Campana

Bordón

En la torre
amarilla,
dobla una campana.

Sobre el viento
amarillo,
se abren las campanadas.

En la torre
amarilla,
cesa la campana.

El viento con el polvo,
hace proras de plata.


Pero veamos qué podemos encontrar al respecto en el propio Hemingway. Y de hecho nos facilita las cosas pues nos indica el lugar preciso que dio origen al título y que  proviene de un extracto de la obra de  John Donne (Londres, 1572-1631).
Así aparece la referencia en el mismísimo exordio del libro que incluye una dedicatoria y una cita (4):
  
This book is for
MARTHA GELLHORN
No man is an Iland, intire of it selfe; every man is a peece of the Continent, a part of the maine; if a Clod bee washed away by the Sea, Europe is the lesse, as well as if a Promontorie were, as well as if a Mannor of thy friends or of thine owne were; any mans death diminishes me, because I am involved in Mankinde; And therefore never send to know for whom the bell tolls; It tolls for thee. 
—JOHN DONNE                               (Las negritas son mías, las cursivas del texto original de Hemingway)


La dedicatoria es para Martha Gellhorn, quien fue la tercera esposa de EH y también una reconocida corresponsal de guerra.

Las reflexiones religiosas de Donne giran en torno a la idea de un ser comunitario, entrelazado con sus semejantes, y que podríamos resumir así: “si muere uno de mis prójimos  muere una parte mía”. Conocemos lo que el psicoanálisis nos enseña sobre tan nobles aspiraciones del yo y que podemos conocer a través del análisis del sentimiento oceánico en El Malestar en la Cultura (S. Freud, 1929). En  la obra original de Donne, por cierto redactada en inglés antiguo, el párrafo en cuestión se halla precedido por un recuerdo de Donne de cuando estando enfermo en la cama le llegaba el sonido del doblar de la campana del pueblo en ocasión de algún funeral. Lo que inevitablemente llevaba al poeta isabelino a pensar en la eventual inminencia de su propia muerte. (5)

Señalemos brevemente que hasta entrado el s.XX el lenguaje de campanas conformaba un verdadero medio de comunicación, una especie de WhatsApp comunitario. Tañir de una campana o varias, ya sea al doblar o al repicar, anunciando las horas, bodas, funerales, misas, bautismos, eventos importantes. Presencia del símbolo en el plano auditivo, invocante que como tal mantiene una relación específica con lo real p cuyo tratamiento nos reservamos para cuando abordemos a W. Faulkner.
Pero volviendo a la frase que da origen al título del libro de Hemingway :
Never send to know for whom the bell tools, it tolls for thee.
La traducción al castellano de este párrafo de Donne suele encontrase así: nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.  (Lola de Aguado); o también lo encontramos traducido de manera más rústica como: nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti. Sea como sea la reflexión sugiere precisamente que no hagas la pregunta pues la respuesta será siempre la misma: doblan por ti.

Llegamos así a este otro detalle significativo y es que el título de la novela, tanto en inglés como en castellano asemeja una pregunta, ¿pero es así? Observemos que en el original no hay ningún signo de pregunta. La sintaxis tampoco lo indica, no dice: For whom does the bell toll?
Se abre de este modo una cuestión más sutil, a saber: “Quién” o “quien”, ¿con o sin acento? ¿Se trata de un pronombre interrogativo o de un pronombre relativo asumiendo función de sujeto? Si optamos por escribirlo como partícula interrogativa: “quién”, entonces lleva acento y por lo tanto la frase demanda signos de interrogación. Si es un pronombre relativo, “quien”, no lleva acento. Interesante caso gramatical que, calculado o no por EH,  casi parece situarse en una zona de borde.
En lo personal me parece que el segundo caso, como pronombre relativo, hace más justicia tanto a las reflexiones de Donne como al título de Hemingway:

(Es por ti,) por quien dobla la campana.
De ser así encontramos ya razones estructurales (además de las eventuales de marketing editorial) para la pluralización y la operación de integrarla en una especie de interrogación: No es esa campana que suena por ti, son muchas campanas que suenan por alguien. Se diluye notablemente la implicancia subjetiva a la que me parece alude Hemingway y que tiene mucho que ver con el destino sombrío que desde las primeras páginas se anuncia para el protagonista Robert Jordan. (Sin mencionar el del propio Hemingway)
Digamos que se diluyen los efectos de proximidad a la significación a la  que alude el título original.

Es de destacar que la novela cuyo título estamos tratando, y en la que la presencia de la muerte adquiere una singular dimensión a lo largo de sus páginas,  tiene un rasgo literario, estilístico,  determinado: transita permanentemente de una lengua a la otra (inglés -castellano - inglés). A veces jugando con las traducciones literales, p. ej. cuando uno de los personajes españoles pregunta en inglés: How are you called? en una cruda traducción literal desde su lengua materna “Cómo se llama usted?”. Con esta clase de recursos estilísticos Hemingway quiere poner de manifiesto una suerte de malentendido, incluso una alienación (6) que de hecho presagia el desenlace que tendrá para los republicanos la Guerra Civil. Pero además estos saltos entre lenguas (cabe recordar acá los ricos desarrollos a partir del texto de Sándor Ferenczi sobre la confusión de lenguas)  permiten reflejar la subjetividad del protagonista y sus maneras de escamotear la verdad, en particular la de su padre y la manera en que busca por momentos saltearse una generación y hacer de su abuelo el efectivo operador como Nombre del Padre.

Pero también hay una intensa discusión académica en torno a la traducción al castellano de esta novela, en la que los propios traductores han sabido realizar una extensa autocrítica  con el consenso de que For Whom.... sigue en la espera de una traducción más lograda.

Pero si leemos el texto de Doll citado por Hemingway de esta manera: Es por ti, por quien dobla la campana,  la implicancia subjetiva para el lector se puede volver tan inquietante como lo fue para Freud al tratar de recordar el nombre de Signorelli. Quizás la pluralización de las campanas y la forma interrogativa en la traducción al castellano del título se deban simplemente a la represión, la significación reprimida.
De como en el consultorio encontramos pluralizaciones o singularizaciones como estrategias del yo para sortear la censura es cotidiano. “No se preocupe, le aseguró que ya me pasó  varias veces y siempre lo resolví bien.” -lo más probable es que haya pasado una sóla vez. “Hay una sóla cosa que le reprocho a...” y desde ese uso del singular podemos prepararnos para la continuación de un catálogo de quejas.
Apoyándonos en lo que Lacan dice sobre Signorelli podemos ampliar el radio de la Catedral de Orvietto desde sus frescos hasta su campanario y aprovechar la cita: “Es que signor, con el Herr, el Amo absoluto, es aspirado y reprimido por el soplo del apocalípsis que se alza en el  inconsciente de Freud ante los ecos de la conversación que está sosteniendo: perturbación, insiste él a este propósito, de un tema que acaba de emerger por un tema precedente– que efectivamente es el de la muerte asumida”. (4)  Sólo que en nuestro caso aparecen campanas en lugar del signor.

Si imagináramos una interpretación al estilo freudiano en la Interpretación de los Sueños, en la que además encontramos varios ejemplos de plurales en el contenido manifiesto que terminan remitiendo a un singular en el contenido latente, podríamos entretenernos diciendo: No se trata de una austera capilla con el modesto doblar de una sóla campana que señala la muerte de un vecino cualquiera (alguien como yo !??  jamás ! ) sino del redoble glorioso de todas las campanas de una magnífica catedral anunciando quizás la muerte de alguien importante, un obispo tal vez? Un Papa...?  Así que con seguridad no se trata de mí.

La traducción al alemán, que realmente ocupa una posición tercera respecto de nuestro desarrollo con el par inglés-castellano, si bien desvirtúa aún mucho más el sentido literal: Wem die Stunde schlägt,  “A quien le llega la hora” con lo que directamente  la campana desaparece, pero que sin embargo mantiene la forma singular y la sintaxis alude antes a un pronombre relativo, la forma interrogativa sería: Wem schlägt die Stunde?


Espero entonces haber interesado al lector de mi blog con este ejercicio de acercamiento al detalle de la letra, que, como sugirió una colega, es una especie de “Lacanpanada”.






BIBLIOGRAFÍA:

(1) Jacques Lacan, Seminario XI , cap.VII “La anamorfosis”, Ed. Paidós, Bs.As.
(2) Heather Cleary, “Escribir desde el intersticio: la traducción del castellano en Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway”. Mutatis Mutandis, Vol VI , nro 6,  2013, Medellín.
(3)  Forma parte del  Poema del cante jondo, 1931.  Ediciones Cátedra, Madrid.
(4) Ernest Hemingway, For whom the bell tolls, Scribner 1968, NY, USA
(5) John Donne, Devotions, Meditation XVII, Cambridge University Press 1923, via web University of Virginia
(6) Professor Wai Chee Dimock – University of Yale – Op. Courses, „American Studies“,  lesson 16
(7) J. Lacan – Escritos 1 – El psicoanálisis y su enseñanza – pag 429 10ma edic, 1984, siglo XXI editores,




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